APROANoticias

APROA abraza al Hospital McDonald’s: Solidaridad con Venezuela frente al doble terremoto

Por segunda ocasión desde el doble terremoto que enlutó a Venezuela el 24 de junio de 2026, un equipo de APROA se trasladó a la zona cero de Caraballeda. Su destino fue el Hospital McDonald’s, un centro asistencial improvisado que late en el corazón de la tragedia venezolana. Lo que alguna vez fue un símbolo de encuentro familiar, fiestas infantiles y el momento de comer una rica hamburguesa, hoy alberga una de las demostraciones de solidaridad más profundas que haya presenciado el planeta. Médicos y veterinarios trabajan hombro a hombro con enfermeros, asistentes, psicólogos, estudiantes y voluntarios anónimos que se dividen entre las labores de limpieza, la cocina y la atención médica para humanos y animales. En este centro asistencial, barrer el suelo o preparar comida es tan vital como estabilizar a un paciente, en un esfuerzo incesante donde apoyar a esta población tan adolorida es la prioridad.

Horas después del doble terremoto, Caraballeda era un territorio sin ley; lo peor emergió de las entrañas del dolor y la anarquía dio paso a los saqueos. Luego llegaron bomberos, médicos, familiares de las víctimas y un ejército de voluntarios de toda Venezuela y de muchos lugares del mundo. Fueron justamente médicos y veterinarios de Barquisimeto, estado Lara, quienes fundaron el centro asistencial en el local de McDonald’s, para entonces convertido en tierra de nadie. La franquicia, en lugar de expulsarlos, los apoyó.

Hoy funciona con las comodidades mínimas de un hospital de campaña, dividido en dos áreas: medicina humana y veterinaria. Cuentan con farmacia, improvisaron una sala de operaciones para animales y reparten alimento para perros y gatos. Diariamente, la adolorida comunidad del litoral guaireño acude y recibe una calurosa mano amiga. Ninguno de los que allí laboran cobra por sus servicios; hacen inmensos sacrificios, organizándose por turnos para prestar asistencia de calidad sin descuidar sus propios trabajos y familias.

Sin embargo, a más de seis semanas de la tragedia, la ayuda comienza a decaer. Justo cuando más se necesita. Por eso APROA volvió. Uno de nuestros veterinarios se unió al equipo, llevamos insumos médicos y comida para perros y gatos, porque sabemos que la gente de La Guaira perdió a sus familias, amigos, se quedaron sin casa, sin trabajo y, simplemente, no podemos dejarlos solos.

APROA Los Chaguaramos sirve como centro de acopio para recibir estas donaciones.

Por su cercanía a la zona devastada, este recinto ha sido testigo de milagros que, de tan numerosos, casi se han vuelto cotidianos. Así sucedió con Luz Clarita, protagonista de un rescate que desafió cualquier lógica biológica. Cuando se cumplían 19 días de los sismos y las cuadrillas solo esperaban recuperar cuerpos, una pequeña pata se asomó entre los escombros. Era una perrita que sorprendentemente estaba viva. Tras recibir atención en el Hospital McDonald’s, Luz Clarita devolvió un destello de alegría a un padre y a su hijo, quienes lamentablemente perdieron a la madre, que se encontraba con la mascota cuando el edificio se derrumbó.

La esperanza, sin embargo, siguió desafiando al tiempo. A casi seis semanas del desastre, encontraron vivo a Capitán. Era un gatito que apenas respiraba y muchos temieron que no lo lograría, pero el doctor Carlos no se rindió. Tras una lucha incansable, se lo arrebató a la muerte y hoy se recupera de manera satisfactoria en las instalaciones de este hospital de campaña.

Capitán sobrevivió tras casi tres semanas entre los escombros

Este terremoto no nos deshumanizó; todo lo contrario. Una solidaridad inmensa recorre las venas del pueblo venezolano. Hoy, en la zona cero de la tragedia, abundan los abrazos ante tanta devastación.

Pero han mermado las donaciones de medicinas, cuando la urgencia sigue intacta. Médicos y veterinarios requieren el apoyo de sus colegas, hace falta comida para los animales y, por encima de todo, necesitan nuestro amor y solidaridad. APROA seguirá firme, acompañando a los sobrevivientes de este desastre.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *