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El Hospital McDonald’s cesa operaciones, pero La Guaira todavía nos necesita

El Hospital McDonald’s de Caraballeda cierra sus puertas. Este improvisado espacio asistencial sirvió como epicentro de la solidaridad y centro de triaje vital para cientos de sobrevivientes de dos y cuatro patas, víctimas del doblete sísmico ocurrido en Venezuela. Pero, transcurridos más de dos meses del 24 de junio de 2026, el paisaje de la emergencia en el litoral guaireño —aunque comienza a transformarse— todavía emerge como una herida abierta en el corazón del país.

Pese a que la fase más crítica del rescate ha terminado, quienes hemos estado en la «zona cero» de esta tragedia sabemos que la emergencia está lejos de acabar. La Guaira se ha transformado en un inmenso cementerio donde todavía hay cuerpos que no han podido ser recuperados. Mientras tanto, los sobrevivientes lidian con haberlo perdido todo: seres queridos, viviendas y trabajos. El duelo ha entrado en una nueva etapa que sigue exigiendo nuestro apoyo. Lamentablemente, la ayuda disminuye cada día.

Para documentar el cierre de este icónico hospital, conversamos con la doctora Gianny D’Amelio, una de las veterinarias que, junto a un reducido y valiente equipo de especialistas larenses, fundaron este refugio de solidaridad y lo administraron hasta su último día de operaciones.

— ¿Cómo resume esta historia que trascendió fronteras y conmovió a millones en todo el mundo?

—Este espacio ha sido nuestra casa; el refugio que nos brindó la oportunidad de atender no solo a las personas, sino a todos los animalitos afectados por el doble terremoto. Luego de dos meses de labor ininterrumpida, los dueños de la franquicia nos solicitaron la devolución de sus instalaciones. Durante semanas estabilizamos a muchísimos animales rescatados vivos de los escombros; sin embargo, aunque las necesidades siguen siendo enormes, la dinámica cambió. Además, el apoyo ha disminuido, por lo que sostener el centro asistencial se hizo inviable. Desde hace más de un mes, los únicos médicos que nos mantuvimos al frente del hospital de campaña éramos de Barquisimeto. Inicialmente tuvimos el apoyo esporádico y valioso de colegas de Maracaibo, Valencia y Caracas, pero la carga pesada recayó sobre un grupo muy pequeño: solo cinco médicos veterinarios entregados en cuerpo y alma, de día y de noche, rotándonos cada semana. Ha sido una sumatoria de sacrificios. Aunque contamos con el gran apoyo de los auxiliares, que han sido fundamentales, la responsabilidad clínica recaía en nosotros. Nos costeamos nuestros propios gastos para poder estar aquí, dejamos de lado nuestras consultas privadas y, lo que fue más duro, tuvimos que separarnos de nuestros hijos y nuestras familias. Lo dimos todo, porque el dolor aquí abajo te atraviesa el alma, pero necesitamos seguir ayudando desde otras trincheras. 

A las 6:04 de la tarde del 24 de junio de 2024, Día de la Batalla de Carabobo y en plenas festividades de San Juan, el reloj se detuvo en Venezuela. Primero ocurrió un sismo de magnitud 7.2 y, apenas 39 segundos después, le siguió otro devastador evento de magnitud 7.5. Cuando la tierra finalmente dejó de rugir, el ensordecedor estruendo del concreto colapsado dio paso a un silencio sepulcral, espeso y asfixiante, que instantes después fue rasgado por los primeros gritos de auxilio ahogados bajo los escombros.

Una nube densa de polvo gris se alzó desde el suelo, cubriendo el laberinto de hierros retorcidos en el que acababan de convertirse las populosas edificaciones residenciales de La Guaira. Los sobrevivientes relatan el momento como un escenario apocalíptico. Así se inauguró, entre lágrimas, ruinas y desesperación, la trágica realidad de la «zona cero».

El 26 de junio, a sólo dos días del doblete sísmico, médicos y veterinarios de Barquisimeto llegaron a La Guaira con la urgencia de ayudar. Lo hicieron integrados en una brigada de especialistas encabezada por el doctor Fernando Jaimes, coordinador del área de medicina humana.

El grupo médico se instaló en carpas a las afueras del McDonald’s, un local cerrado y saqueado, pero cuya infraestructura se mantenía en pie, rodeada de edificios colapsados. Ante la inmensa necesidad de contar con un espacio que ofreciera las condiciones mínimas para atender a numerosas personas y animales heridos, tomaron la drástica decisión de forzar la santamaría y ocupar el establecimiento. La zona cero se había convertido en tierra de nadie y la prioridad absoluta era salvar vidas. Los pacientes —humanos y animales, muchos recién desenterrados de los escombros— comenzaron a llegar casi de inmediato.

La épica hazaña del equipo de especialistas larenses trascendió rápidamente a las redes sociales. El video de la ocupación se hizo viral y los dueños de la franquicia acudieron al lugar, pero en lugar de expulsarlos, les cedieron formalmente el espacio. Restablecieron la planta eléctrica, encendieron los aires acondicionados y enviaron a su propio personal de seguridad para que los custodiara.

Nos ayudaron muchísimo, y la verdad es que no todas las empresas afectadas tuvieron ese gesto de solidaridad— reflexiona la doctora Gianny D’Amelio.

Para ese momento mayoría de los centros asistenciales de La Guaira o estaban colapsados o habían sucumbido ante el paso destructor del doblete sísmico, convirtiendo a este refugio improvisado en un faro de vida.

—¿Cuáles fueron esos casos icónicos que atendieron en el «Hospital McDonald’s»?

—Muchos casos nos marcaron. Pero el más viral, sin duda, fue el rescate de Félix, un gato que sobrevivió luego de pasar 37 días enterrado entre los escombros. El video en el que aparece llorando al ser encontrado generó una sensibilidad enorme en las redes. Esto nos abrió muchísimas puertas y, a partir de ese momento, comenzó a llegar gran cantidad de apoyo.

—¿Y qué sucedió con los veterinarios de La Guaira? 

—Ellos también fueron duramente afectados por el terremoto. Perdieron sus viviendas, sus consultorios e, incluso, a familiares. Tuvimos casos desgarradores, como el del querido colega Carlos Gutiérrez, quien lo perdió todo en un instante: su casa y la vida de su hijo, su nieto y su nuera. En medio de un duelo tan grande, era imposible que estuvieran operativos.

El equipo de médicos veterinarios larenses ha asumido un nuevo propósito: ayudar a sus colegas de La Guaira a levantarse. Actualmente, buscan la solidaridad de entes públicos o privados que donen o cedan un espacio para continuar la labor iniciada en el McDonald’s. Consideran que no es momento de cobrar consultas a una población que ha quedado tan vulnerable.

Si la solidaridad vuelve a emerger, el nuevo centro asistencial —que heredaría el prestigio y el modelo solidario del «Hospital McDonald’s»— tendría una doble misión: sanar a los animales de la costa y servir como un espacio para que los veterinarios afectados puedan comenzar a reconstruir sus vidas y su profesión.

Pese a las adversidades de la zona cero, el «Hospital McDonald’s» operó bajo altos estándares de calidad médica. La abundante ayuda canalizada les permitió a los veterinarios de Lara habilitar un área de farmacia y una improvisada sala de operaciones donde podían realizar intervenciones sencillas. Además, el recinto funcionó como refugio temporal para resguardar a los animales rescatados hasta darlos en adopción, y como un centro de distribución que donó alimento para los perros y gatos de la comunidad.

—Durante estos dos meses ofrecieron una labor de abrigo a una población muy adolorida. Ahora que se van, ¿qué sienten?

—Todos lloramos. Ha sido una experiencia muy maternal y muy paternal. Nosotros hemos desarrollado un profundo sentido de pertenencia hacia La Guaira, aunque no somos de acá.

La empatía de la doctora Gianny no nace únicamente de su vocación médica; ella también es una sobreviviente. Un grave accidente en moto hace ocho meses casi le arrebata la vida. Todavía se encuentra en proceso de rehabilitación, por lo que sabe perfectamente lo que significa luchar en carne propia contra la muerte. Esa segunda oportunidad que recibió decidió invertirla en salvar a otros.

—¿Estan conscientes del impacto mundial que tuvo este hospital? Organizaciones y grupos de solidaridad de todas partes del mundo los citaron como un ejemplo digno de replicar.

—Realmente fue algo que no nos esperábamos; ha sido una experiencia inédita. Claro, la visibilidad de la marca McDonald’s ayudó mucho, pero lo que verdaderamente impactó al mundo fue la calidad de la atención médica que se logró prestar en medio de tanta improvisación y precariedad.

—¿Y qué los motivó desde el día uno? ¿Por qué dejaron todo para venir?

—El simple hecho de querer ayudar ante un dolor tan inmenso. Yo todavía no asimilo lo que pasó aquí. Ves todo devastado, como si hubiesen caído bombas.

—¿Qué lección deja el «Hospital McDonald’s» al mundo tras su cierre?

—Las palabras que mejor nos definen son la resiliencia y la solidaridad. Pero esta tragedia es inmensa y La Guaira aún nos necesita. No podemos abandonarlos.

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